Los miércoles, en el Discipulado de Sabiduría, leemos con calma y sacamos enseñanza en cada reunión. Avanzamos de a poco, pero seguro. Esta semana hablamos de una cualidad que todo cristiano debería tener y que pocos ejercitan: el discernimiento.
Discernir no viene en automático
Discernir es saber distinguir entre lo bueno y lo malo, entre la verdad de Dios y el error, aunque el error venga bien presentado. Pensemos en un bebé que apenas gatea: igual se lleva a la boca su biberón que cualquier cosa peligrosa que encuentre en el piso. No es mala intención; simplemente todavía no sabe distinguir.
Algo parecido le pasa al creyente que no ha madurado: puede recibir con el mismo gusto la verdad de la Escritura que una enseñanza torcida, venga de una filosofía, de un sistema religioso o incluso de un púlpito que no está centrado en la Palabra.
El discernimiento viene del Espíritu Santo
No se trata de ser más listos. Pablo lo dice claro:
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”
1 Corintios 2:14 · RVR1960
Es el Espíritu de Dios quien abre nuestro entendimiento y quien, poco a poco, va formando en nosotros esa capacidad de ver con claridad.
Leche y alimento sólido
La carta a los Hebreos usa dos imágenes para la Palabra de Dios: la leche, que son los principios básicos de la fe, y el alimento sólido, que son las enseñanzas más profundas. Todos empezamos con leche, y está bien. El problema es quedarse ahí:
“Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”
Hebreos 5:14 · RVR1960

La palabra que se traduce como “ejercitados” viene del mundo del ejercicio físico, del gimnasio. El discernimiento se entrena: con el estudio constante de la Palabra, poniéndola en práctica y con la iluminación del Espíritu.
Una inmadurez que se nota
Lo que más nos confrontó el miércoles fue esto: hay creyentes con muchos años en el Camino de Dios que siguen alimentándose solo de leche. Y lo más grave es que, en muchos casos, el cristiano de hoy ni siquiera está tomando leche: no lee, no estudia, no se alimenta de la Palabra.
Hay quien dice “lo único importante es amar a Jesús”. Pero Jesús mismo nos dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Y para obedecerlo necesitamos conocer lo que Él ha revelado. Quedarnos en la infancia espiritual tiene consecuencias: no podemos enseñar a otros y nos cuesta distinguir la verdad del error.
Conclusión
Necesitamos que el Espíritu Santo nos llene para madurar en nuestra fe y en nuestra relación con Dios, por medio de Jesucristo, nuestro Salvador personal. Él usa la Palabra, la leche y el alimento sólido, para hacernos crecer. Nuestra parte es acercarnos a ella todos los días.
Para pensar esta semana
- Si alguien revisara lo que “comí” espiritualmente esta semana, ¿encontraría leche, alimento sólido… o nada?
- ¿Hay alguna enseñanza que he aceptado sin compararla con la Biblia?
- ¿Qué paso concreto puedo dar para ejercitar mis sentidos en la Palabra: un plan de lectura, el Discipulado de los miércoles, un libro?
Te esperamos el próximo miércoles a las 7:30 pm en Huajuapan para seguir aprendiendo juntos.
Reflexión basada en nuestra lectura de Vivir con integridad y sabiduría, de Miguel Núñez.