¿Qué hago si Dios me responde que se puede poner peor?
¿Te ha pasado? Le estás pidiendo a Dios: «Oye, ya, ya, ya», y en lugar de un «está bien, voy a ayudarte», parece que te dice: «Espérate, que esto se puede poner todavía más difícil». ¿Qué hago con una respuesta así?
Normalmente, cuando nos acercamos a Dios porque no vemos Su respuesta, lo hacemos para quejarnos. Y no está mal. Dios no nos niega que sintamos desesperación o enojo; no nos dice «cállate» ni nos aplasta. Él es bueno y es paciente, dice Su Palabra. La pregunta es otra: ¿debo quedarme en queja sobre queja sobre queja, o puedo cambiar la manera en que me acerco a Él? Para responderla, el domingo leímos completo el libro de un profeta que se quejó con Dios.
La primera queja: «¿Hasta cuándo?»
Habacuc empieza su libro sin rodeos. Fíjate cómo le habla a Dios:
“¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?”
Habacuc 1:2 · RVR1960
Es una queja atrevida. Habacuc ve violencia por todas partes, gente a la que le encanta pelear, tribunales sin justicia y más perversos que justos. Es lo mismo que muchas veces le decimos nosotros: «¿Hasta cuándo, Señor? ¿Por qué a mí? Si yo diezmo, si yo vengo a la iglesia, si yo no falto…». Empezamos a negociar con Dios como si Él tuviera que rendirnos cuentas.
Y entonces llega la respuesta. Dios le dice a Habacuc que observe a las naciones, porque está haciendo algo que no creería aunque se lo contaran:
“Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas.”
Habacuc 1:6 · RVR1960
Los babilonios no venían a negociar: venían a conquistar. Habacuc se quejaba de la violencia, y Dios le anunció que venía un pueblo todavía más violento. Sí: se podía poner peor.
No es asistencia, es dependencia
Muchas veces nuestra queja es esta: «Señor, quiero que reacciones ya; quítame todo esto ahora». Y a veces creemos que, si un domingo cantamos más fuerte, aplaudimos y levantamos las manos, Dios verá tanto esfuerzo que dejará caer en ese momento una bendición que cambie todo el panorama.
El pastor contó lo que le explicó una dentista: un tratamiento no resuelve el problema la primera vez que lo usas; funciona si eres constante, todos los días, durante meses. Así pasa con muchas de nuestras situaciones. Lo que vemos hoy lo fuimos construyendo durante años, y queremos que Dios lo cambie en un abrir y cerrar de ojos. Muchas veces no va a ser así.
Dios ya nos dio lo que necesitamos: nos dio a Su Hijo Jesús. Ahora nos toca aprender a buscarlo todos los días, a depender de Él todos los días. No se trata de asistencia a la iglesia; se trata de dependencia en Dios.
La segunda queja: Dios no es un genio de la lámpara
Después de escuchar que venía algo peor, Habacuc vuelve a quejarse, pero ya no habla igual. Antes decía «¿hasta cuándo?» y «tú no escuchas». Ahora empieza así:
“¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. […] Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio.”
Habacuc 1:12-13 · RVR1960
Al principio, Habacuc veía a Dios como un genio de la lámpara al que se le puede exigir en el momento que uno quiera: «Ya bendijiste a este, a este y a este… ¿y cuándo a mí?». En su segunda queja empieza a conocer a Dios por quien es: santo, bueno, eterno, nuestra Roca. Todavía no entiende todo, pero ya le habla diferente.
Eso podemos aprenderlo nosotros. Podemos quejarnos con Dios: Él es misericordioso. Pero cuando lo conocemos por Sus atributos y no por lo que queremos, nuestra oración cambia: «Señor, Tú eres santo, Tú eres bueno. Sé que no mandarías tanta desgracia sobre mí; sé que Tu amor te detiene». Así empezamos a buscar a Dios correctamente.

Espera con paciencia
En el capítulo 2, Habacuc sube a su torre de vigilancia a esperar la respuesta. Y Dios le pide que la escriba con claridad, porque va a cumplirse:
“Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.”
Habacuc 2:3 · RVR1960
Nosotros quisiéramos fechas. «Señor, ¿cuándo me toca? Por lo menos dime en qué lugar de la fila voy». Dios no responde esa pregunta. Nos dice: espera con paciencia, porque va a suceder, y todo tendrá su correcto orden. Mientras tanto, observa.
El justo por la fe vivirá
¿Y qué tenemos que observar? A los orgullosos, a los que confían en sí mismos y les parece ir bien haciendo daño. Dios le advierte a Habacuc: no te vuelvas como ellos.
“He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.”
Habacuc 2:4 · RVR1960
Es lo que hacemos muchas veces: «Ya me cansé de ser buena gente; el Señor no responde, pues ahora sí me voy a volver como ellos». Pero Dios dice lo contrario: al que hace mal le va a ir mal; tú sigue haciendo lo correcto. ¿Se puede poner peor? Sí, pero el que hace lo correcto no tiene por qué huir, ni correr, ni temer, porque su Dios, que es justo, santo y poderoso, va a poner todo en orden.
El capítulo 2 termina con una serie de «¡ay!» contra los violentos, los avaros y los que confían en ídolos de madera y piedra que no hablan. Y cierra con una frase que pone cada cosa en su lugar:
“Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra.”
Habacuc 2:20 · RVR1960
De la queja a la oración, de la oración a la alabanza
El capítulo 3 tiene un título distinto: «Oración del profeta Habacuc». Ya no son quejas ni preguntas. Pareciera que es otro Habacuc. Empieza recordando lo que Dios ha hecho y pidiendo:
“Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos […]; en la ira acuérdate de la misericordia.”
Habacuc 3:2 · RVR1960
Después describe cómo Dios sale a rescatar a Su pueblo con un poder que hace temblar la tierra. Y entonces viene la confesión más hermosa del libro. Nada ha cambiado todavía, la catástrofe sigue en camino, y aun así:
“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.”
Habacuc 3:17-18 · RVR1960
¿Tienes una queja? Conviértela en oración. Conviértela en alabanza. Conviértela en tu gozo, en tu realidad. Y tu realidad es que tienes a un Dios poderoso y amoroso contigo, que ya te rescató y que va a poner todas las cosas en su lugar. No importa si se pone peor: tienes a tu Dios.
Un tiempo difícil no es eterno
Para terminar, leímos Mateo 24. Los discípulos le mostraban a Jesús los edificios del templo, y Él les dijo que no quedaría piedra sobre piedra. Nos aferramos a lo que vemos, pero todo eso pasará. Jesús habló de guerras, hambres, terremotos y persecución, y aun así dijo: «mirad que no os turbéis».
“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.”
Mateo 24:12-13 · RVR1960
Cada generación y cada temporada tienen momentos difíciles, pero no son permanentes. Un tiempo difícil puede parecer eterno, pero el único eterno es el Santo, el Dios Todopoderoso, en quien has puesto tu confianza. Él no cambia: es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Aprendamos a vivir los diferentes tiempos sin cambiar la mirada. Mira al Eterno y dile: «Señor, Tú eres bueno». Y no solo lo digas: vívelo.
Para pensar esta semana
- Cuando las cosas se ponen difíciles, ¿cómo le hablas a Dios: con «¿hasta cuándo?» o con «Tú eres santo, Tú eres bueno»?
- ¿Qué estás esperando que Dios cambie en un abrir y cerrar de ojos? ¿Qué te toca a ti buscar cada día?
- ¿En qué área has sentido la tentación de «volverte como ellos» porque parece que al que hace mal le va bien?
- Escribe tu queja de esta semana y conviértela en oración: empieza recordando lo que Dios ya hizo por ti.
Aunque la higuera no florezca, con todo, alégrate en el Señor. Te esperamos el domingo en el servicio dominical: 8:30 am en Huajuapan y 1:30 pm en Yolotepec.