Subimos o bajamos
Piensa en una escalera con un descanso a la mitad. Puedes detenerte ahí un momento, pero nadie vive en el descanso: o sigues subiendo o terminas bajando al primer escalón. Así funciona la vida espiritual. Quedarse quieto no es una opción neutral. Cuando un cristiano deja de avanzar, sin darse cuenta empieza a retroceder.
Eso les pasó a los hebreos que recibieron la carta. Habían comenzado bien, pero se detuvieron, y el autor tuvo que decirles que había mucho que explicarles y que costaba trabajo, porque se habían vuelto lentos para escuchar:
“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír.”
Hebreos 5:11 · RVR1960
Un peligro que se nota
Dejar de crecer no siempre se ve desde afuera, pero tarde o temprano se nota. La primera señal es que ya no podemos enseñar a otros, y a veces ni siquiera nos interesa hacerlo. Llevamos años en la iglesia, pero si alguien nos pregunta algo de la fe, no sabemos qué responder, o preferimos que lo haga alguien más.
La segunda señal es más delicada: ya no distinguimos con claridad entre lo bueno y lo malo. Aceptamos ideas, costumbres o enseñanzas sin pasarlas por la Palabra, porque nuestros sentidos espirituales se adormecieron.
“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.”
Hebreos 5:12 · RVR1960
Lo que nos hace quedarnos en la leche
La leche es buena y necesaria al principio. El problema es quedarse ahí cuando ya deberíamos comer alimento sólido. Un creyente que no avanza se vuelve:
- delicado, que se ofende fácil y no soporta la corrección;
- experto en pretextos, que siempre tiene una razón para no leer, no orar o no servir;
- nómada, que va de iglesia en iglesia buscando quién le dé lo que quiere oír y no lo que necesita;
- rebelde, que se resiste a lo que Dios le pide;
- y, al final, ignorante de la Palabra de Dios, aunque haya escuchado muchos mensajes.
Todo eso tiene raíz en lo mismo: seguimos buscando leche en lugar de carne. Y la carne, el alimento sólido, es justamente la señal de madurez.
“…pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”
Hebreos 5:14 · RVR1960

Salomón: «Pide lo que quieras»
Terminamos con la historia de Salomón. Al principio de su reinado, Dios se le acercó en un sueño con una pregunta que cualquiera quisiera escuchar:
“Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé.”
1 Reyes 3:5 · RVR1960
Salomón pudo pedir larga vida, riquezas o la derrota de sus enemigos. En cambio, reconoció su realidad: tenía unos treinta años, iba a gobernar a un pueblo enorme, y se describió a sí mismo como un joven que no sabía «cómo entrar ni salir». Lo que tenía por delante lo superaba. Por eso pidió lo único que de verdad necesitaba:
“Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?”
1 Reyes 3:9 · RVR1960
Y a Dios le agradó esa petición. Dios se deleita en los hijos que buscan discernimiento, porque es una señal de que están madurando.
Cada mañana, la misma pregunta
La historia de Salomón no es solo para reyes. Cada mañana que despertamos, por el favor de Jesucristo, tenemos acceso a nuestro Padre. No necesitamos un sueño en Gabaón: Él nos invita a acercarnos todos los días.
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Hebreos 4:16 · RVR1960
La pregunta es: ¿qué le pedimos? Muchas veces nuestras oraciones son una lista de cosas. Sería bueno empezar el día como Salomón, reconociendo que lo que tenemos por delante nos supera: la familia, el trabajo, las decisiones, un mundo cada vez más complicado. Y que para hacerlo bien, sobre todo para hacerlo bien para Dios, necesitamos la sabiduría que viene de Él.
Conclusión
Crecer en la fe no es automático. Se alimenta todos los días con la Palabra, que es el alimento sólido, y con una oración humilde que pide sabiduría. Si hoy te descubres en el descanso de la escalera, no te quedes ahí: el siguiente escalón empieza con abrir la Biblia y pedirle a Dios un corazón entendido.
Para pensar esta semana
- ¿Hoy estoy subiendo, detenido en el descanso o bajando? ¿En qué lo noto?
- ¿Podría enseñarle a alguien algo de lo que Dios me ha enseñado este año?
- ¿Cuál de estas señales veo en mí: pretextos, cambiar de iglesia, resistirme a la corrección, no conocer la Palabra?
- Si mañana Dios me dijera «pide lo que quieras», ¿qué le pediría?
Te esperamos el próximo miércoles a las 7:30 pm en Huajuapan para seguir aprendiendo juntos.