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Lo que estamos aprendiendo/Servicio dominical

No te rindas: Dios todavía cuida de ti

Lo que vimos el domingo en el servicio: Elías bajo el enebro y Zaqueo en Jericó.

Lunes 12 de octubre de 2026Lectura breve1 Reyes 19:7
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El versículo de esta lección Levántate y come, porque largo camino te resta.
1 Reyes 19:7 · RVR1960

Una sola cosa mal

A veces hacemos muchas cosas bien, pero basta una sola en la que fallamos para que todo lo bueno deje de contar. Puede ser un vicio, una debilidad, el orgullo. Se nos viene abajo el ánimo y empezamos a decir: «Soy un fracaso. Ya lo intenté y no puedo. Ya no quiero más». De eso trató el mensaje del domingo, y por eso se llamó No te rindas.

Elías, un hombre extraordinario

Elías es uno de los profetas más impresionantes de la Biblia. El pueblo de Dios se había apartado: el rey Acab, influido por su esposa Jezabel, había llenado la tierra de altares a Baal. Elías lo enfrentó y reunió a todos en el monte Carmelo para que supieran quién es el Dios verdadero. Hizo una oración sencilla y cayó fuego del cielo (1 Reyes 18).

Por eso sorprende tanto lo que pasa después. Jezabel le manda decir que al día siguiente lo va a matar, y aquel hombre extraordinario tiene miedo, huye al desierto, se sienta debajo de un enebro y le pide a Dios la muerte:

“Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.”

1 Reyes 19:4 · RVR1960

«No soy mejor que mis padres»

Esa frase la hemos pensado más de una vez. Nos comparamos con los que vinieron antes: a nuestra edad ellos ya tenían casa, trabajo estable, una familia en orden, y nosotros apenas vamos arrancando motores a los 40, 50 o 60 años. Concluimos que no les llegamos ni a los talones y que ya no vale la pena seguir.

Elías no era débil. Un día antes había visto la mano de Dios como pocos. Pero estaba cansado, tenía miedo y se sentía fracasado. Eso también le pasa a la gente de fe.

«Levántate y come»

Elías se durmió debajo del árbol y un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come». Dios no le mandó a alguien a preguntarle cómo se sentía ni a regañarlo. Le dio exactamente lo que necesitaba: junto a su cabeza había una torta cocida sobre las ascuas y una vasija de agua (1 Reyes 19:6). Elías comió, bebió y volvió a acostarse. Y el ángel regresó:

“Levántate y come, porque largo camino te resta.”

1 Reyes 19:7 · RVR1960

Llama la atención que Dios use la comida para decirle «sigue adelante». Lo mismo hace con nosotros. Cuando estás sentado a la mesa con tu plato, aunque sea una tortilla con sal, Dios te está diciendo algo. Tal vez quisieras renunciar: «Señor, ¿cómo se renuncia en tu reino? ¿Dónde firmo mi finiquito?». Y Él responde con un plato enfrente: no te rindas, todavía te queda camino.

Dos caminos ante el fracaso: alejarnos de Dios o acercarnos a Él, y de lo que no nos toca se encarga Dios, con 1 Reyes 19:7

De Jezabel se encarga Dios

Después de comer, uno pensaría que Elías iría a enfrentar a Jezabel. No fue así: salió en otra dirección. Con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios (1 Reyes 19:8). Solo era pan, pero le alcanzó para llegar.

Allí Dios le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?» (1 Reyes 19:9). Pasó un viento fuerte, un terremoto y un fuego, y el Señor no estaba en ninguno de ellos; después vino «un silbo apacible y delicado» (1 Reyes 19:12). Entonces Dios le dio una tarea nueva: ungir a Hazael, a Jehú y a Eliseo, y le recordó que todavía había siete mil en Israel que no se habían inclinado ante Baal.

Durante el reinado de Jehú, Jezabel murió (2 Reyes 9). Dios no mandó a Elías a pelear esa batalla. Le dijo, en otras palabras: «Ese problema déjamelo a mí. Yo me encargo». Y a veces los días de camino se sienten normales, sin nada extraordinario, como si Dios no tuviera nada para nosotros. Pero aun en el camino Él tiene un proyecto, y cuando llegamos a su presencia nos dice qué sigue.

Zaqueo: solo quería ver a Jesús

Luego fuimos a Jericó. Zaqueo era jefe de los cobradores de impuestos y se había hecho rico a costa de su propia gente. Había oído hablar de Jesús y quería verlo, pero era de baja estatura, así que corrió adelante y se subió a un sicómoro.

Zaqueo solo quería ver a Jesús. Lo que no esperaba era que Jesús lo viera a él. Con toda la multitud alrededor, Jesús levantó la vista y lo llamó por su nombre:

“Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.”

Lucas 19:5 · RVR1960

Zaqueo bajó con gozo, aunque la gente murmuraba porque Jesús había entrado a la casa de un pecador. Y la sola presencia de Jesús le cambió la manera de pensar: el que solo buscaba hacerse más rico decidió dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver cuatro veces lo que hubiera defraudado (Lucas 19:8).

“Hoy ha venido la salvación a esta casa… Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Lucas 19:9-10 · RVR1960

Ya sabes cómo termina la historia

¿Alguna vez te has sentido perdido o has pensado «qué fracasado soy»? Es como ver una película cuyo libro ya leíste: en la escena más tensa te angustias, aunque ya sabes cómo acaba. Así somos con Dios. Si lo conoces aunque sea un poco, sabes que Él va a salir al rescate una vez más. Y te dice: «Yo sé cómo te sientes. Sé que dudas y que crees que no vale la pena seguir. Aquí estoy, cerca. No te rindas».

Conclusión: tus fracasos no te definen

Ante el fracaso, lo peor que podemos hacer es alejarnos de Dios. Elías caminó hacia el monte de Dios; Zaqueo buscó la manera de ver a Jesús. Y la vida de los dos cambió.

Tus fracasos y tus equivocaciones no te definen. Aprende de ellos, levántate, come y bebe, y sigue haciendo lo que te toca, porque todavía te queda un largo camino. Como Eliseo, que caminó junto a Elías y le pidió una doble porción de su espíritu, hoy podemos mirar a nuestro Maestro y decirle: «Señor, yo también quiero lo que Tú tienes. No me quiero rendir».

Para pensar esta semana

  • ¿Cuál es esa «una sola cosa» que, cuando fallo, me hace sentir que nada de lo demás cuenta?
  • ¿Con quién me comparo cuando pienso «no soy mejor que mis padres»?
  • ¿Qué problema necesito dejar en manos de Dios en lugar de pelearlo yo?
  • Cuando fallo, ¿mi primera reacción es alejarme de Dios o acercarme a Él?

Te esperamos el próximo domingo: 8:30 am en Huajuapan y 1:30 pm en Yolotepec.

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